El Dinero es Energía de Abundancia

Mucho se ha hablado del sistema económico actual que arrastra a buena parte de la población sobre todo al grupo asalariado ya sea perteneciente a la industria, al comercio, burocracia, etc., a un modo de vida comprometido económicamente hasta la muerte.

Digo hasta la muerte, porque los sueldos que se pagan en nuestro país a la gran mayoría de la población, con base en un salario mínimo no son suficientes ni para costear los aspectos básicos de una vida familiar digna, mucho menos para aspirar a contar con vivienda propia y automóvil de modelo más o menos reciente, a menos que se trabaje durante toda la vida, y aun así, tiene su grado de dificultad.

El modelo económico actual, le hace creer a la población que contar con empleo, por mal pagado que sea, es un privilegio, y a sabiendas de la precaria economía de la mayoría de los mexicanos, contradictoriamente, inunda los espacios con publicidad para convencer de que es imperativo el “tener”, “poseer”, “ser dueño”, “gozar”, etc. de automóviles, casas, tecnología, ropa, zapatos, perfumes, viajes, etc., lo que realmente es un contrasentido en un país empobrecido.

Tomemos en cuenta también, la gran oferta de dinero por medio de tarjetas de crédito que mantienen a la gente comprando todas aquellas cosas que no pueden pagar con dinero en efectivo, y como decimos, para “gastar el dinero que todavía no se gana, en comprar cosas que no se necesitan para impresionar a personas que no nos importan”, como es vivir en una casa rentada y manejar un auto que se paga a plazos y vestir ropa que aún se debe. Recuerde la gran publicidad que se le da al “Buen Fin” y cómo la población prácticamente se vuelca a gastar, comprando todo aquello que “oferten” como ganga y que se ofrezca a “meses sin intereses”.

La estructura de la economía actual es como un castillo de naipes que no puede continuar así, y solo es cuestión de tiempo para que se desplome por sí sola y esto lo estamos observando en la cada vez más deteriorada capacidad de adquisición de la población, en el empobrecimiento de las familias y claro está, de los países.

Valdría la pena replantearnos la necesidad de operar un cambio profundo en la forma de mejorar la economía familiar, basándonos en la simplificación de la vida cotidiana, de la alimentación, de la forma de vestir y de transportación así como en el encontrar una nueva forma de vida basada en el desarrollo de las capacidades naturales de cada persona.

Es extremadamente importante darnos cuenta de que el dinero no es un bien físico y material y que es una falsedad que es escaso. El dinero como cualquier otra cosa factible de ser intercambiada, es energía. Una energía que no se caracteriza por su escasez, sino por su abundancia.

La propuesta en cuatro pasos que hacemos aquí, para un nuevo modo de vida, compromete a cada uno de nosotros, para lograr un verdadero cambio. Parte de nuestra voluntad y lógicamente debe trasladarse a toda la sociedad.

1. De ahora en adelante nos toca a cada uno de nosotros establecer una nueva relación con el dinero, entender que el dinero es una energía de abundancia y que llega a la vida de cada quién, de acuerdo al nivel de conciencia de cada persona. Es decir, en función de cómo miramos la vida y de los sentimientos que esto nos genere. El dinero nos llega en forma de energía, en la cantidad exacta para las necesidades que nuestro nivel de conciencia marque como suficiente.

2. Debemos darnos cuenta también, que cuando el dinero llega a nosotros no debemos guardarlo o acumularlo (ahorro) el dinero es para compartirlo porque al compartirlo se multiplica. Como toda la energía, cuando se comparte se multiplica o se reproduce.

3. Las nuevas relaciones económicas deben cambiar a una forma en que nos relacionemos a través de los dones y talentos de cada uno, porque todos sin excepción tenemos uno o varios para hacer algo, para crear, realizar, servir o producir cosas que satisfagan las necesidades o deseos de otras personas.

4. Nuestra economía debe estar basada en realizar proyectos emprendedores que nazcan de nuestro corazón, hacer aquellas cosas que nos gusta hacer, por el gusto de ayudar, de servir, a partir de aquellos capacidades y aptitudes que todos tenemos.

Si usted aún no sabe cuáles son sus dones o talentos, pregunte a su corazón qué es aquello que más le gusta hacer o disfruta haciendo, aquello que no le causa molestia ni trabajo, sino todo lo contrario: son un gusto y un placer realizarlos y no describe como “tengo que”, “debo de” porque lo hace de manera natural y espontánea y lo hace para compartir, no para “ganar” dinero.

Identifique sus propios dones y talentos como aquello que le sale mejor, que le agrada más hacer, y que es la expresión de su ser más profundo, más divino. Para cada uno de nosotros son diferentes, y existen en la mayor diversidad, de acuerdo a los gustos, aptitudes, capacidades, habilidades de cada persona, según le tocó vivir sus experiencias, aprendió o desarrolló de forma natural, con el amor, la imaginación, la alegría y el gusto por la vida.

Debemos identificar cuáles son nuestros dones y talentos, darnos cuenta que los tenemos y ponerlos en práctica, sin falsas modestias, sin limitaciones mentales y a partir de ahí, nuestra vida será distinta, habremos dejado atrás una filosofía o visión de las cosas que ya no cuenta y que ya no es válida.

Si cada uno de nosotros hacemos lo que más nos gusta y ese producto o servicio emanado de nuestro corazón lo intercambiamos con otras personas estaremos conformando un nuevo mundo, en el que ya lo importante no es acumular sino compartir. El objetivo no es ya competir sino cooperar, que va más en sintonía con lo que nuestro corazón pide.

Pronto se dará cuenta de que el dinero está ahí afuera, solo es cuestión de abrir el corazón y extender las manos para que llegue hasta nosotros de forma abundante.